30/12/2011

2011-2012


                           Mis mejores deseos para el año nuevo.
                                           ¡Chin-chin!


19/12/2011

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13/03/2011

Después de un tiempo he vuelto a ver La flor de mi secreto de Pedro Almodóvar y ha vuelto a conquistarme la magistral interpretación de Marisa Paredes y la intensidad con la que el color rojo-fetiche desgrana el dolor y la pena. Una de las canciones que mas me gusta de la película es el tema Ay amor del cubano Ignacio Jacinto Villa Fernández más conocido cómo Bola de Nieve de la que dejo aquí parte de la letra. En la imagen la actriz china Anna May Wong, de la que siempre pienso cuando veo alguna foto suya en Technicolor que hubiera sido una fascinante y enigmática mujer Almodóvar.(CLICK).

Amor, yo sé que quieres
llevarte mi ilusión.
Amor, yo se qué puedes también
llevarte mi alma.
Pero, ay amor, si te llevas mi alma
llevate de mi también el dolor,
lleva en ti todo mi desconsuelo
y también mi canción de sufrir.
Ay amor, si me dejas la vida
dejame también el alma sentir.
Si sólo queda en mí dolor y vida,
ay amor, no me dejes vivir.

09/03/2011

Existen artes capaces de reavivar los recuerdos mas remotos. Las primeras tardes de vestidos de ganchillo, el olor a caldo de gallina y a estufa de gas butano, el ring del teléfono rojo recién colgado en la pared del recibidor. Claveles blancos y lirios.

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Los bordados son de Joetta Maue

08/03/2011


Qué cansancio -ser alguien!
Qué público -como una rana-
Decir el propio nombre-...

Emily Dickinson

28/02/2011



En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el espacio de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos.
Y aquí me voy a quedar.

Los perros románticos
Roberto Bolaño

24/02/2011


Enriqueta era menuda, a juzgar por las fotos que me enseñó de cuando era pequeña, su estatura a penas cambió en el transcurso de los años. Una vez siendo niña, su madre le compró en un mercado una bolsa de dátiles que ella devoró como un relámpago herido, le gustaron tantísimo que decidió guardar un par de huesos para plantarlos. Así lo hizo.
De allí nació una pequeña palmera que fue creciendo cómo su propia vida. Se casó con Pepet, al que recuerdo con su eterna silla de ruedas, al cabo de unos años adoptaron a un niño al que llamarían Manolo. Mucho tiempo después su marido murió y ella se trasladó con su hijo y la mujer de éste a un pueblo marinero de redes y gaviotas que bajan en busca de comida cuando los barcos llegan al puerto al caer la tarde. Cuando Enriqueta murió pusieron en venta la casa del pueblo que enseguida encontró nuevos dueños, un matrimonio jubilado venido de la capital. Conservaron sus costumbres de paredes encaladas, de puertas que nunca se cierran con llave y un porche con una larga mesa siempre a punto para recibir invitados. Desde mi casa escuchaba las juergas en esas noches de verano y ventanas de par en par. Delante, en un primer plano, se alzaba majestuosa aquella palmera casi centenaria que como seña de identidad distinguía la casa de todas las demás y que ayer, debido al fuerte vendaval que nos azotó y después una vida entera, se partió por la mitad. Qué pena.